La pornografía también es un vicio

La decisión de dejar de consumir pornografía debe ser radical

La facilidad de acceso, la rápida sensación de recompensa y la desensibilización a largo plazo: el consumo de pornografía cumple los requisitos de definición de comportamientos considerados adictivos. Y el interés por ese tipo de contenido resultó alto durante la pandemia, según registros de los sitios pornográficos.


Una de las principales plataformas de contenido adulto en el mundo tuvo un incremento global de 24.4 % de tráfico con respecto al año anterior. Solo en el año 2019, se cargó contenido suficiente para 169 años de visualizaciones. En la práctica, eso significa que si una persona se dedicara un siglo entero a consumir todos los videos disponibles, no lograría ver el acervo de un solo año de la plataforma.


De acuerdo con una investigación de 2002 por el Instituto Kinsey, de Estados Unidos, 9 % de los consumidores de contenido adulto ya dijo haber sentido ganas de detenerse sin haberlo conseguido.


«La pornografía es un vicio como cualquier otro: para tener los mismos resultados, exige aumento continuo de la dosis», es lo que explica Renato Cardoso, conferencista y experto en temas de familia.


Al abordar los impactos del consumo de contenido adulto en las relaciones conyugales, él concluye que la práctica tiene los mismos efectos que cualquier otra dependencia. «La tendencia es que el vicio empeore y que el adicto se involucre con otros más pesados, más fuertes de pornografía, que él aumente la intensidad para buscar más placer», dijo.


La atracción sexual es limitada

En 1998, el estudio Impacto de la Pornografía en la Satisfacción Sexual, publicado por la Universidad de Kentucky, ya señalaba que hombres y mujeres expuestos a la pornografía tenían mayores probabilidades de sentirse insatisfechos sexualmente con sus parejas. En 2014, una investigación conducida por la Universidad de Notre Dame, también de Estados Unidos, con más de 20 mil adultos que ya fueron casados, descubrió que los que consumían contenidos eróticos eran más inclinados a declararse infelices en su relación.


Renato Cardoso explica que la crisis conyugal sucede como resultado directo del vicio: «Aquello que es real, la intimidad con la esposa, ya no sirve más», explica el especialista. «Él deja de ser el hombre que la esposa necesita. Está frustrado porque la mujer no es la que vio en un video y termina viviendo de fantasías, estableciendo una fecha de caducidad para el matrimonio».


El cerebro durante el porno

La razón por la cual el consumo de contenido para adultos en Internet compromete el interés sexual en el ámbito de la realidad tiene que ver no solo con estándares estéticos, sino también con los niveles de estímulo a los cuales el cerebro termina sometido. Es lo que explica Fábio Porto, neurólogo conductual. Según él, el cerebro opera en redes que modulan las sensaciones de recompensa causadas por impulsos primitivos como comer, conectarse y reproducirse.


«A largo plazo, el componente de recompensas se va reduciendo y la persona va queriendo cada vez más», explica Fábio Porto. Con eso, la sensibilidad para las respuestas de placer disminuye y el individuo necesita estímulos cada vez más intensos para obtener el mismo nivel de placer.


De acuerdo con el neurólogo, ahí es cuando el usuario no solo empieza a perder el interés en parejas reales, sino que eleva la escala a contenidos cada vez más extremos para obtener los mismos niveles de estímulo.


«Cosa de hombres»

Aunque tenga impacto en las relaciones afectivas y profesionales, el vicio a la pornografía tarda más tiempo en ser diagnosticado porque se entiende como un comportamiento normal.