¿Por qué no se debe murmurar?


La pandemia cambió la vida de todos, porque exige que las personas se adapten a las circunstancias para superar todo lo que sucede. No se trata de algo fácil, es verdad. Para muchos, la reacción más inmediata es la de quejarse de la situación en la que ellos y otros viven. Ante los problemas, el ser humano, en algún momento de la vida, corre el riesgo de murmurar, lastimarse, hablar mal de alguien o de algo, hacer un cuestionamiento malicioso o intentar denigrar a alguien que no le agrada, pero eso no trae una solución.


Es necesario comprender cuál es el motivo que nos hace murmurar. Cada vez que nos invaden la ansiedad, la falta de fe, la impaciencia, las presiones del día a día, las provocaciones y la ignorancia, por no practicar la Palabra de Dios, podemos ser llevados a murmurar; y una de las cosas que Dios más odia es la murmuración.


La Biblia describe que Su ira se enciende cuando Su pueblo se queja de lo que Él mismo provee. Así sucedió cuando los judíos buscaban la Tierra Prometida. Al dudar de Dios por la demora de la jornada, una gran parte de ellos comenzó a murmurar contra Moisés y, por supuesto, eso produjo consecuencias muy desagradables. Solo cuando esa alianza se renovó fue que todo cambió.