Sentarse primero para calcular



Solo existe una manera de lograr aquello que escapa a nuestro alcance: si estamos aliados a Dios. Y también solo existe una manera de que estemos aliados a Dios: si manifestamos la Fe consciente en Él y en Su Palabra. Lo imposible deja de ser imposible delante de esta Fe. Otros tipos de creencia, religiones y rituales no pueden realizar lo que ella realiza, visto que no vienen acompañados de sacrificio, conforme nos acerca al Altísimo.

Es por este motivo que, para que lo imposible suceda, es imprescindible el ejercicio de esta Fe, a través de la renuncia de los propios pensamientos, con el fin de absorber los Pensamientos de Dios. Es el sacrificio de lo mínimo para la conquista de lo máximo.

Y no podría ser diferente. Solamente Dios es capaz de realizar lo imposible, pero Él ha prestado Su poder para que también realicemos lo imposible para Su Gloria. Ese poder es el don de la Fe, que viene del oír Su Palabra, y se torna eficaz si es puesta en práctica valientemente a través de actitudes sacrificiales.

Por eso, solo logra hacer uso de este poder quien verdaderamente es Su discípulo. A fin de cuentas, “discípulo” es el que recibe la instrucción de otro y la práctica. Es la persona que adopta una doctrina, sigue las ideas o imita los ejemplos de su maestro. Por lo tanto, quien quiere adoptar las enseñanzas de Jesús como modelo de comportamiento, debe renunciar a su propia vida. Él mismo dejó bien en claro que, para ser Su discípulo, es necesario obedecerlo, renunciando a sí mismo y a todo lo que este mundo ofrece. Y el que no lleva su cruz y